Las intermitencias de la muerte

Las intermitencias de la muerte nos lleva a un país indeterminado, el primer día del año. La madrugada del nuevo año sorprende a suicidas y asesinos, es imposible morir o matar, por más que lo intenten. Si se quiere un ejemplo de la situación que nos plantea la narración, la encontramos en el capítulo La Parca de The Simpson:

Nadie muere, en efecto, durante el suficiente tiempo para que la noticia se esparza por todo el territorio. Al principio esta intermitencia de la muerte es tomada con alegría y esperanza por parte de la población en general, sin embargo, levanta suspicacia entre algunos sectores como los científicos o los religiosos, quienes buscan una explicación razonable a este evento.

El autor, como ya nos tiene acostumbrados en otros de sus célebres relatos, propone una reflexión en torno a lo que nos hace humanos, a las características que unen a la sociedad, que la hacen ser como la conocemos. El fin de la muerte, a la larga, se convierte en un problema para la sociedad, ¿Cómo lidiar con aquellos moribundos que están muy mal para llevar una vida normal pero que tampoco mueren porque esta anda de vacaciones? ¿En dónde se apoya la religión ahora que no hay temor a un mundo después de este? ¿Cómo se regula la economía si los seguros de vida pierden validez, nadie va a ser enterrado y las pensiones seguirán siendo cobradas por siempre?

Los líderes del país se reúnen en busca de una salida a esta situación, se crean alianzas clandestinas que ayudan a dar solución llevando algunos moribundos allende las fronteras, donde la muerte aun sigue haciendo su trabajo.

Por medio de un comunicado que llega a todos los medios de comunicación del país, la muerte anuncia que su experimento ha acabado, ahora las personas volverán a morir, pero una carta les llegará una semana antes para que tengan tiempo de dejar sus asuntos arreglados; de nuevo vuelve el caos, las personas, conscientes de la inminencia de su fin o bien se entregan a los excesos o bien inundan de tristeza las calles de la ciudad. Resulta peor el conocimiento exacto de la fecha de la muerte, la incertidumbre, en este caso, suele ser la mejor amiga de la cordura.

Las intermitencias de la muerte

Al siguiente día nadie murió, frase con la que comienza y termina la obra nos remite a la naturalidad de la muerte. Puede que en un ser cercano o en nosotros mismos la reflexión en torno a la muerte sea vedada, no nos gusta la muerte como una posibilidad cercana, en algunos casos ni siquiera lejana. Sin embargo, como sociedad, como grupo que siempre está en busca de equilibrio, la muerte es un mal necesario, sin muerte nuestros problemas graves lo serían aún más, la sobrepoblación y la decrepitud estarían al orden del día, por encima de la dignidad humana.

La segunda intermitencia de la muerte se da por amor. La muerte se ha enamorado de un hombre y es incapaz de seguir con su labor, nadie volverá a morir. El autor no nos cuenta la motivación de la primera intermitencia, quisiera creer que también fue por amor, sería un mensaje poético: El amor anula la fuerza de la muerte.

Hasta el próximo sábado.

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