El espía que surgió del frío

Mi generación creció viendo películas de una guerra que jamás vivió. Para nosotros hablar de otras formas de gobierno, otras formas de economía, hablar de comunismo es algo intangible, para algunos, incluso, es algo nostálgico; en todo caso, para quienes nacimos luego de la caída de la U.R.S.S., la guerra fría es un acontecimiento del que no terminamos de enterarnos nunca.

Así, la figura del espía es la del superhéroe humanizado, la del hombre perfectamente vestido que maneja un auto último modelo y que derrota a un enorme ejército con una nueve milímetros, sin perder el glamour. (Me refiero a la películas cliché, claramente hay filmes que han retratado ese tiempo con maestría)

Luego de una primera resistencia al empezar a leerla, me encontré con una magnífica narración que da cuenta de un tiempo caótico en el que se mataba o se moría por una forma de pensar, por la defensa de un modelo de producción, de un país o de una facción.

Este libro me mostró otra faceta del espía, a pesar de las intrigas, la mentira, las desapariciones y los asesinatos, en el fondo los espías son hombres que trabajan con información: la recolectan, la transmiten, la inventan, buscan explicaciones. Lo complicado del asunto viene con el miedo, ambas partes temen tanto la victoria de su opositor, que son capaces de cometer cualquier tipo de atrocidades con tal de evitar el avance del enemigo.

Considero que el gran arma de la guerra fría fue la incertidumbre, el hermetismo que rodeó a los países fue el desencadenante de cavilaciones infinitas, planes complicados, guerras en países satélite. En cierta parte de la narración, el protagonista, un espía inglés en Alemania Oriental, es descubierto y puesto en prisión; su encarcelamiento es un sufrimiento tras otro, a las penurias propias de estar recluido se suma la certidumbre-incertidumbre, por un lado sabe que los espías son torturas y asesinado, pero desconoce cómo lo harán en su caso específico, en qué momento la orden será dada.

El espia que surgio del frio

Rompiendo, de nuevo, mi propia norma de la Muerte del Autor pienso que es muy relevante en este caso la vida del autor en relación a la obra y su contenido. El autor, Le Carré, fue un espía británico que conoció de primera mano los pormenores de esta actividad, basado en eso publicó El espía que surgió del frío, obra que rápidamente fue acogida por el público; tuvo tanto éxito que Le Carré dejó su carrera como espía y se hizo escritor de oficio.

En este sentido, aunque esta sea una novela de ficción, es una buena referencia de lo que realmente sucedida tras los muros del telón de acero. En esta obra la guerra fría nos dejó un testigo de sus intrigas y mentiras, y, de paso, una excelente manera de conocer un periodo de la historia que aún hoy en día suele ser tratado de forma sesgada.

Recomiendo este libro tanto para amantes del género de espionaje, como para lectores de otros géneros, les aseguro que no se aburrirán con él.

Hasta el próximo sábado.

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